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Aquí no pasa nada…

marzo 27, 2012

 

“La esperanza es lo último que se pierde”, es lo que mucha gente suele repetir cada vez que el Gobierno del Presidente Humala enrumba hacia el pasado

Para el ciudadano de a pie, como yo, con acceso a  los medios de información; la vida diaria y las noticias que ésta trae, genera corolarios que definitivamente llevan hacia verdades grisáceas, pero verdades al fin al cabo. Últimamente, con relativa frecuencia, suelo preguntarme si el Presidente Ollanta Humala seguirá persistiendo en su carrera maratónica para ir, en la mayoría de los casos, en contra de los sectores que votaron mayoritariamente a favor de él.

Veamos algunas noticias y frases que me llamaron la atención en los últimos días, por sus coincidencias y relación intrínseca entre ellas. Alonso Cueto, reconocido escritor peruano contaba que la lápida de Scott Fitzgerald (autor de “El Gran Gatsby”) decía: “Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, arrastrados sin cesar hacia el pasado”. Por otro lado, Waldo Mendoza, Decano de Economía de la PUCP expresaba en un evento que: “Estamos como si nadie se hubiese enterado de que el Presidente Humala ha sido elegido. Viendo cifras económicas, estamos como con Alan García…”. Luego, el Presidente Humala salió de su mutismo y dijo: “El agua en Cajamarca está contaminada por minerales e ideologías” y “Yo tengo treinta millones de hermanos”. Para completar el panorama y mi desconcierto, el Dr. Sinesio López desarrolló la siguiente pregunta en un artículo periodístico, diciendo: “Ollanta: ¿Metamorfosis o Captura?”, refiriéndose a la influencia de los grupos de poder económico y de la derecha en particular, en las acciones del Gobierno y, finalmente, el economista Carlos Anderson escribía: “Cuando las cosas van bien en lo económico, las personas se sienten más optimistas y felices…”.

Definitivamente, hay un denominador común entre todas las frases citadas: El Perú no está cambiando como debería ser y se observan síntomas que demuestran que se está nadando contra la corriente (como los botes de Fitzgerald o como el salmón), por lo tanto, dirigiéndose inexorablemente hacia el pasado de siempre. Por ejemplo, los conflictos sociales (más de doscientos) son cada vez más contundentes -lo que demuestra que una significativa población no se siente optimista- y,  el Estado sigue protegiendo a quienes no debería proteger.

Efectivamente, el crecimiento económico sigue a buen ritmo, aún cuando tendrá una ligera reducción en el 2012, pero los conflictos sociales se hacen cada vez más fuertes y tienen  mayor contundencia en la sociedad civil. Los grandes sectores poblacionales involucrados cuentan con opiniones a favor y en contra de sus acciones, pero también se observan sectores que siguen con la ideología del pasado o como el Presidente, que manifiesta que las ideologías son contaminantes (infiero entonces, que no deberían existir). En parte, no le falta razón, porque contamina el entorno encontrar gente que expresa férreamente “Me indigna que los agitadores negocien con las autoridades” y que mencione contradictoriamente que si se generan leyes con mayor protección “más gente quedará desprotegida y no se podrá incorporar al ochenta por ciento que se mantiene en la informalidad” (José Olaechea, socio del Estudio Olaechea, que asesora proyectos de minería y estructura de grandes empresas nacionales e internacionales). Lo que subyace a estas expresiones, es que no sólo no se consideran los principios básicos de una negociación, sino que también se ignora que existen métodos diversos para resolver el problema de la pobreza en sus diferentes niveles. Es decir, se reproduce la misma escuela del Premier. La pregunta es: ¿Esto es realmente ignorancia o sólo un ejemplo del comportamiento ideológico del sector que ahora es aliado del Gobierno?

El Estado no se queda atrás y varias de sus decisiones tienen mucha relación con años pasados. Me refiero al Proyecto Olmos y el subsidio que el Gobierno viene asignando a las grandes empresas. Según Caretas, este Proyecto de irrigación vale hasta ahora 480 millones de dólares y cada hectárea le costó al Estado 20 mil dólares. Sin embargo, ahora subastan cada hectárea en 5 mil dólares e inclusive, una sola empresa se adjudicó 15,600 Has de las 18,700 que se subastaron, a sólo 4,250 mil/Ha. La empresa que compró, Gloria, acumula con esta compra un total de 80,000 Has a nivel nacional, área mayor que muchos latifundios antes del Presidente Velasco.

COFIDE, como representante del Estado, debió haber comprado 8,000 Has -según orden del Pdte. Humala- parcelándolas en lotes de 25 a 100 Has con el objetivo de “democratizar el acceso a la tierra”, ya que de esta manera pequeños y medianos agricultores de Lambayeque estarían en condiciones de comprar tierras posteriormente, en función a sus recursos. ¿Qué pasó? El MEF dio una contraorden y COFIDE no compró. Se demuestra con ello, que una obra estatal de gran magnitud y esperada por años, beneficiará directamente a unas pocas empresas con un subsidio nada despreciable. La misma noticia afirma que después de haberse presentado un proyecto de Ley a favor de poner límite a la propiedad de tierras en el Perú -como lo hay en varios países de Europa donde la propiedad máxima asciende a 3,000 Has/persona- organizaciones como ADEX, COFIDE, Cámara de Comercio de Lima y varios congresistas de derecha se oponen tenazmente a estos cambios. ¿Por qué será?

El corolario mayor es el que representa la verdad de perogrullo que significa tener “treinta millones de hermanos”, como dijo el Presidente Humala. Si esto fuese así, ¿es congruente subsidiar a quien tiene recursos y promover que unos pocos sean dueños de gran parte del Perú? Evidentemente no. Este corolario está inmerso en la tesis de la “captura del Presidente Humala” por parte de los grandes grupos económicos y varios dueños de medios de comunicación establecidos en el país, que lógicamente, se subieron al carro del poder para proteger sus intereses, aún cuando al principio despotricaban enfáticamente del candidato Humala.

Como me decía un amigo, esta situación es preferible a haber tenido la alternativa fujimorista. En consecuencia, la esperanza de cambio continúa y, con ello, la posibilidad de bienestar y felicidad de la población en su conjunto, como lo aspira y viene promoviendo en las Naciones Unidas el lejano país oriental de Bután, que ha introducido el Índice Nacional Bruto de Felicidad (GNH), como indicador que debe medir la manera como se orienta el desarrollo de un país, “teniendo al Estado como facilitador del desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo, la buena gobernabilidad, la conservación del medio ambiente y la preservación y conservación de la cultura” (Ver artículo de Gonzalo Gutiérrez, Vice-Pdte. del Consejo Económico y Social de las NNUU).

¿Será posible entonces, la “Gran Transformación”, principalmente para el 31% de los treinta millones de peruanos, que viven en situación de pobreza?. ¿O será que el autor de “El Gran Gatsby” acertó cuando dijo: “Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, arrastrados sin cesar hacia el pasado…”, si aplicáramos esta metáfora al Gobierno de nuestro país y a quien lo preside?

(Nancy Goyburo Reeves)

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Bebe quieto…

enero 31, 2012

Dicen que fue Esopo quien concibió las primeras fábulas, esos breves relatos animados que contienen una enseñanza indiscutible, la llamada moraleja. Samaniego, Iriarte y otros más las convirtieron en coplas. Una de las fábulas más conocidas cuenta de un perro que tenía una gran sed e intentaba beber del río. La presencia amenazante de un cocodrilo lo detenía a pesar de su enorme necesidad. El lagarto, al percatarse de la prevención del can, se dirigió a él y le dijo: ¡Bebe quieto, nada te va a suceder! Entonces el perro comprendió claramente que no debía intentar beber… ¡por ningún motivo!

¡Oh que docto perro viejo, yo venero tu sentir en eso de no seguir del enemigo el consejo! sentenció Félix María en su versión rimada de la historia.

Pues bien, en una coincidencia monumental, el día de hoy, El Comercio ha editorializado sobre cómo debe conducirse la izquierda en el Perú para ser una fuerza importante y representativa e igualmente han opinado sobre el tema, en sus respectivas columnas en La República y Diario16, Augusto Álvarez Rodrich y Juan Carlos Tafur. Obviamente hay que establecer una gran diferencia desde el principio: Álvarez y Tafur son derechistas liberales y decentes. Tanto lo son que su par fascistón, Aldo Mariátegui, los considera exponentes principales de lo que él llama “derecha caviar”. En cambio, los intereses político-empresariales de El Comercio hace tiempo se volvieron evidentes y su página editorial no da puntada sin hilo. Digamos que El Comercio es el cocodrilo de la fábula.

No obstante la diferencia, las tres columnas coinciden en que, si la izquierda quiere ser un referente de largo plazo debe aceptar sin discusión que la profundización de la economía de mercado es la única alternativa de crecimiento sostenido del país (y de todos los países del mundo). Bebe quieto, dice El Comercio, sin mostrar los dientes. Bebe quieto, dicen Álvarez y Tafur, mientras ven la escena de lejos, creyendo seguramente que el cocodrilo es apenas lagartija.

¿Y quién es el can en este cuento? Error sería creer que es la izquierda lamentosa y suplicante de Diez Canseco, Mavila y López. El can en este cuento es la izquierda potencial que recién ahora está insurgiendo. Esa izquierda que asume la bandera ambiental, sustentada en el conocimiento ancestral del territorio por parte de las comunidades campesinas y nativas, que saben leer de siempre la naturaleza. Esa izquierda que recoge el mensaje internacional (lo acaba de decir la ONU) de que el sobrecalentamiento del planeta es un peligro vigente y que el modelo de desarrollo actual (ese de la economía de mercado) consume tal nivel de recursos que es insostenible de aquí solamente a 2030 o 2040. Esa izquierda que acoge el mensaje de los indignados, que no aceptan que los grandes conglomerados financieros, energéticos e industriales sean objeto de rescate en medio de la crisis mientras las clases medias y los pobres pierden todos sus beneficios en nombre de las “reformas estructurales”. Esa izquierda que se nutre de la evidencia de la fractura de la economía mundial por justamente haber permitido el desarrollo de modelos soportados en la venta de intangibles que nunca serán tangibles porque no representan bienes reales.

Esa izquierda que aún no tiene nombre, y cuyos líderes aún no se conocen, es el verdadero can de nuestra fábula. A esa izquierda, tan incipiente como inevitable, va dirigido el mensaje. Acepten jóvenes, acepten nuevos líderes en cierne, dice El Comercio y corean Álvarez y Tafur, que “salvo el mercado todo es ilusión” y entonces tendrán asiento en la mesa. Miren como Ollanta Humala ya se sienta con nosotros.

Tal vez sea hora de buscar otro asiento y otra mesa. La que nos ofrecen está francamente apolillada.

(Élmer Barrio de Mendoza)

La triste decrepitud

enero 26, 2012

Los otrora izquierdistas, que se subieron al bus del nacionalismo para olisquear el poder al final de sus días, se encuentran divididos. Unos se lamentan como novias menopáusicas despechadas mientras que otros se desviven por parecer todavía indispensables. No importa si el discurso presidencial de hoy no es el mismo que apoyaron al principio. Tampoco importa para ellos cuál será el discurso de mañana. El travestismo sólo es difícil la primera vez.

Javier Diez Canseco, siguiendo a su aparente nuevo líder Yehude Simon, ha defendido la causa impresentable de Omar Chehade hasta el final, aunque el día de marras no fue a votar. Rosa Mavila le ha hecho el coro y ha dicho que tampoco fue porque igual que Diez Canseco tuvo un accidente, pero que de haber ido se habría abstenido de votar, o sea que todo hubiera sido igual. Ambos han deslizado la amenaza que que abandonarán las filas nacionalistas porque se sienten traicionados. No sabemos bien por qué dado que han sido parte confesa del “blindaje” en el caso más visible de presunta corrupción del actual gobierno. Hasta ahora.

Sinesio López ha anunciado algo así como que la izquierda constituirá, ahora, una opción independiente manteniendo el respaldo a las medidas progresivas que impulse el gobierno. ¡Qué miedo! ha contestado Abugattás. Y Otárola ha agregado que no cree que haya una vocación real de ruptura y que el diálogo resolverá los aparentes conflictos. ¿Habrá más embajadas disponibles?

Esos son los unos. Los otros son aún más sorprendentes. Álvaro Vidal, a quien pensábamos algo más consistente, se ha deshecho de personal que él mismo convocó, para congraciarse con el poder y mantenerse en Essalud. Debería recordar lo que sucedió con Lerner después de pedir la renuncia de Carlos Tapia. La genuflexión es es la peor estrategia para conservar un cargo público acosado por los buitres.

Otro caso es el del canciller Rafael Roncagliolo. Hoy se publicó una entrevista que le hizo su propio hijo (¿nadie más quiso entrevistarlo?) y en ella incorpora el malabarismo trabalingüístico como una nueva habilidad curricular. Rafo se ha autoproclamado como el intérprete oficial de la metáfora antiabortiva del presidente sobre el proyecto Conga.

Ha dicho el canciller, poco más o menos, que el gobierno debe respetar los compromisos adquiridos por el gobierno anterior (aunque la Resolución Directoral que aprobó el EIA de Conga no fue firmada por el Director de Minería, que era un ex gerente de Yanacocha, sino por una asesora del despacho ministerial que carecía del rango para suscribirla) pero que no iba a renunciar al diálogo. Que había que comprender la indignación del pueblo con “cierta minería” pero que los “compromisos internacionales” son inquebrantables.

O sea, otra vez, Conga va. Entonces ¿para qué la finta del peritaje, para qué el cuento del gobierno dialogante? ¿No es mejor sincerar la cosas y afrontar los costos?

Los plazos se agotan. Y también la paciencia. Crucemos los dedos para que la adulación y la estabilidad ministerial dejen de ser los argumentos que determinen la toma de decisiones del gobierno.

Algún valiente, sensato pero capaz de decir las cosas con todas sus letras, debe haber. Porque si no queda uno solo, habrá que buscar a los valientes en alguna otra parte. Cinco años pasan pronto. No hay problema. Salvo para los otrora izquierdistas que siempre aspiraron a gobernar y que ahora, que se les va la vida, se conforman con el rol de cortesanos. O de plañideras.

(Elmer Barrio de Mendoza)


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