La pareja ideal

En menos de 24 horas, Ulises Humala, Lourdes Flores y César Hildebrandt se han expresado críticamente acerca del exceso de poder de que disfruta la primera dama Nadine Heredia de Humala. Casi, casi, los tres han coincidido (es una traduccìón libre del suscrito) en que quizá el presidente debería ser conocido como Ollanta Humala de Heredia.

Lo cierto es que, sin embargo, los tres enfoques encierran diferencias sustanciales. Mientras Ulises expresa el resentimiento familiar y Lourdes se concentra en el sacolarguismo del presidente, Hildebrandt apunta al único hecho esencial: los peruanos elegimos a Ollanta Humala y no a Nadine Heredia y la primera dama no debería exhibir desfachatadamente el evidente poder de que dispone. Ni aún siquiera la feroz Eliane Karp llegó a tanto.

Ciertamente, hasta ahora, Nadine despierta simpatía. En ese punto le pedimos disculpas por compararla con Eliane. Pero el tema no es cuán simpática es la esposa del presidente de turno, el tema es que a ella no le corresponde gobernar, apenas le corresponde acompañar al presidente en actos protocolares y representar el espacio filantrópico del despacho presidencial.

Nadine Heredia puede postular a la presidencia en 2021, el año del bicentenario de la independencia. Antes no puede de acuerdo a la ley vigente.

Lo que pasa es que la mayor parte de los gobernantes, sus familiares y sus ayayeros, cuando tienen un período de gracia ante la opinión pública, creen que es posible alcanzar permanencia en el tiempo. Entonces se lanzan a la piscina con el mayor despropósito y, normalmente, el tiempo les demuestra que lo único que obtuvieron fue un gigantesco chichón, cuando no una auténtica conmoción.

Recuerdo que en 1985, en pleno apogeo de un joven y esbelto presidente, que ahora es sebáceo y estragado, hubo un breve ministro de Energía y Minas. Se llamaba Wilfredo Huayta y, estupefacto ante la transitoria popularidad del balconeador, anunció a los cuatro vientos que el APRA gobernaría 50 años continuos.

El APRA salió del gobierno vergonzosamente en 1990 y sólo retornó en 2006 debido a la pésima candidatura de Lourdes Flores y a la excesiva transparencia de su rival en la segunda vuelta. Quién hubiera dicho que, hoy, aquéllos que enfrentaron con iracundia a Ollanta Humala en esa ocasión, formarían su más reciente club de fans.

Anécdotas al margen, el hecho es que la fascinación del poder debe parecerse a ganar la lotería. No permite pensar con claridad. Avizorar lo que espera a un presidente que renegó de sus promesas (hasta los científicos se lo espetan) no es muy difícil. Tarde o temprano, le pasará lo que a Fausto con Mefistófeles.

Es mejor que Nadine opte por la discreción. Si desea un futuro político, ése debe ser el camino que recorra ahora. Y que camine derecha. De lo contrario, la simpatía de hoy devendrá desprecio e ignominia.

(Roberto Morales)

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2 comentarios en “La pareja ideal”

  1. Gerardo Says:

    La fascinación del poder, esa magia que abre puertas sin tocar, el “don” de la mirada que genera aprobación de quienes te rodean, hacen sentir a Nadine que ella es la elegida y que Ollanta es su fiel acompañante.


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