Simonía

Yehude Simon fue independiente de izquierda. A fines de los 70 coqueteó con el Partido Socialista Revolucionario de Leonidas Rodríguez y Antonio Meza Cuadra y a prncipios de los 80 con la Unidad Democrática del Pueblo de Alfonso Barrantes y Javier Diez Canseco. En la segunda mitad de los 80 se alineó políticamente con el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru de Víctor Polay y Miguel Rincón. Nunca fue parte del aparato armado del MRTA pero sí fue su vocero oficioso, como director del periódico “Cambio”. Fue enjuiciado y condenado durante el fujimorismo por “apología del terror”. Desde prisión le hizo un par de guiños al presidente nipón. No obtuvo respuesta.

Durante el gobierno de transición fue amnistiado y en 2001 fue elegido presidente regional de Lambayeque como independiente. Lo hizo bastante bien y fundó su Partido Humanista. En esa calidad respaldó abundantemente a Toledo. En 2006, reelecto en Lambayeque, se alineó rápidamente con el gobierno de García y luego llegó a primer ministro. Siempre defendió al dueño del ego colosal. Incluso ahora nadie sabe de un solo cuestionamiento importante de Yude (que es como se pronuncia Yehude) hacia AGP.

En 2011, sorprendiendo a propios y extraños, contrajo alianza con el PPC y con PPK, junto con la APP de César Acuña, el otro socio menor. De aprista a derechista sin trámite. En verdad, dado el perfil postrero del aprismo, no fue un gran salto.

Apenas perdió Kuczynski la primera vuelta, Simon se insinuó humalista contra Keiko Fujimori. Una vez congresista se hizo postular a la vicepresidencia por Alianza por el Gran Cambio y, con su voto después, salvó la cabeza de Omar Chehade. Luego recibió presupuesto propio -¿recompensa?- para su campaña personal en una especie de adelanto del programa de gestores del desarrollo, que derivó en escándalo.

Hoy Yehude se pasó con zapatos y todo a las filas del humalismo puro, es decir el de Nadine. Simon ha declarado que él ve a la esposa de Ollanta como presidente del Perú en 2016 y que él se ve a su lado.

Olvida Simon que la ley electoral prohíbe postular a la presidencia a la cónyuge (y a otros familiares) del presidente en ejercicio. Que la decencia le exigiría previamente proponer una modificación normativa que haga viable su anteladísimo lanzamiento de la señora Heredia de Humala a la primera magistratura de la nación.

Pero no. Para quien ya adquirió el hábito de tener carnés partidarios en la billetera como si se tratara de tarjetas de crédito, y usarlos según la oportunidad, no debe haber mayor problema en postular públicamente lo que, por ahora, no es más que una ilegalidad.

C’est la vie. Quizá Simon esté calculando que Valdés se va en julio y que Abugattás, a quien se voceaba como su reemplazo, ha perdido piso con el tema de los gestores.

Quizá Simon esté alisando su gastado fajín, ensayando genuflexiones y practicando saludos militares.

(Roberto Morales)

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