En defensa de Bill Gates

Bill Gates, el dueño y fundador de Microsoft, cuestionó hace una semana el destino de la cooperación técnico-financiera española a “países de ingresos medios, como por ejemplo el Perú” en lugar de brindársela a países con problemas generalizados de hambre, miseria y salud.

Como Gates dijo que el ingreso per cápita de los peruanos era de 10 mil dólares, inmediatamente le saltaron a la yugular un par de ministras, varios expertos discutibles, e incluso una ex primera dama, no precisamente caracterizada por su simpatía, que aludieron, todos, al hecho de que la renta per cápita en el Perú era de 5,900 dólares.

Aunque ya es público, vale la pena repetir que hay dos modos aceptados para medir el ingreso per cápita. Uno, de efecto fundamentalmente interno, que consiste en dividir el PBI entre la población total del país. Efectivamente, en 2011, esa división arroja que cada peruano percibe en promedio 5,900 dólares anuales. Pero hay otro modo de medir el ingreso pér cápita, que es el de la paridad cambiaria. Este método consiste en comparar la capacidad de compra del pér cápita anual (obtenido de la división simple del PBI entre la población total en cada país) con la canasta básica de bienes y servicios de los Estados Unidos. Es decir, para el ejemplo concreto, cuánto costaría en Estados Unidos lo que se puede comprar con 5,900 dólares en el Perú. Y el resultado es casi 10 mil dólares.

Este último método es el que permite homologar el valor real de los ingresos per cápita de cada país y, por tanto, hacerlos comparables. Ergo, el dato de Bill Gates no es falso. Todo lo contrario.

Que eso quiera decir que el Perú deba o no deba recibir ayuda internacional es otro cantar. Pero ahora, sabiendo que la información de Gates es correcta, se debería abrir el verdadero debate: cuán injusta es la distribución de la riqueza en el Perú. Más aún si el sustento de nuestra actual bonanza está determinada por la abundancia de recursos naturales, que como gusta repetir el actual presidente (y el anterior también) son de todos los peruanos.

Al respecto, la Cámara de Comercio de Lima acaba de advertir de la necesidad de recomponer la estructura de nuestras exportaciones para que éstas no dependan de los llamados commodities, sobre todo de los minerales, que representan el 60% del total cuando en 1950 sólo constituían el 20%.

La reconversión de nuestra economía hacia productos con importante valor agregado es una emergencia. Entender esto, como en la campaña sí parecía entenderlo el señor presidente, es vida o muerte. Para ello hay que invertir en ciencia y tecnología, en recuperar saberes ancestrales, en implantar estándares sociales y ambientales de la más alta exigencia, en reconocer las competencias reales de la población al margen de cómo fueron adquiridas. Pero, para ello, primero hay que pensar.

Nuestra economía viaja en piloto automático. Hasta ahora hay crecimiento, pero también crece la desigualdad. Si lo que queremos es ser una nación, todos tenemos que ser parte de un mismo proyecto. Y no lo seremos mientras sólo algunos sientan sus beneficios.

Si no ¿dónde están los 50 mil paritarios (o los 29,500 no paritarios) dólares que le correspondería a cada familia peruana de 5 personas?.

(Elmer Barrio de Mendoza)

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