Los enjuagues de El Vaticano

Aunque su repercusión es aún menor de la que hubiera tenido en circunstancias europeas menos convulsas, la exhibición de varias cartas atribuidas al arzobispo Carlo Maria Vigano (algunas dirigidas al propio pontífice) por parte de la televisión privada italiana, ha destapado un escándalo de corrupción en la Santa Sede, cuyo verdadero impacto está todavía por conocerse.

Vigano, vicegobernador de El Vaticano entre 2009 y 2011, transferido contra su voluntad a Washington en calidad de nuncio apostólico (embajador), había denunciado ante varios de sus superiores, incluido el papa, que los contratos de mantenimiento de toda la infraestructura (jardines, calles, plazas y museos) de la pequeña ciudad-estado se manejaban mediante procedimientos viciados de nepotismo, tráfico de influencias y abuso de poder. Los intentos de poner orden por parte de Vigano no sólo habían caído en saco roto sino que se había ganado el apelativo de “aguafiestas” entre los principales proveedores de la Santa Sede.

En marzo de 2011, el secretario del Estado Vaticano, Tarcisio Bertone, comunicó a Vigano que sería cambiado de posición a pesar de que la duración de su nombramiento estaba prevista hasta 2014. Vigano, ante esto, informó al mismo Benedicto XVI que varias inversiones de El Vaticano estaban colocadas en dos fondos de beneficio discutible, manejados por un comité de banqueros italianos “que velaban por sus propios intereses”. En la misma carta, Vigano cuenta a manera de ejemplo que, en diciembre de 2009, El Vaticano había perdido 2 millones y medio de dólares americanos, en una sóla operación financiera.

Estamos, todo indica, ante un gigantesco escándalo, que obviamente la iglesia católica intentará escabullir. Lo que aún no sabemos si el terremoto será menor, igual o mayor al que se produjo con la quiebra del Instituto de las Obras Religiosas de El Vaticano (conocido como Banco Ambrosiano) en 1982.

¿Qué dirá Dios de todo esto? ¿O quizá Stephen Hawking tiene razón en su último libro y, simplemente, Dios no existe?

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2 comentarios en “Los enjuagues de El Vaticano”

  1. Beatriz Says:

    Qué buena imagen. Desde hace muchísimo tiempo Dios debe estar de retiro porque perder dos millones y medio en una sola operación sólo explica lo de que “cuando el gato sale los ratones se divierten” y estos están de juerga permanente sino que lo diga el aguafiestas.

    Personalmente voto por la ultima opción: ¿O quizá Stephen Hawking tiene razón en su último libro y, simplemente, Dios no existe?

    • Consultaprevia Says:

      La composición es muy buena ¿verdad? Agradecemos sinceramente a su autor, y aunque no sabemos quién es, ojalá no nos demande.


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