Cambio de color

En 2006 Ollanta vistió de polo rojo y en 2011, de polo blanco. Parece que, en 2012, asoma el naranja. José Oscátegui, otrora vocero económico de Gana Perú en la segunda vuelta, lo ha dicho con todas sus letras ayer: Ollanta Humala es una especie de Raymond Shaw infiltrado en el poder por la gran empresa nacional y transnacional. También lo ha dicho ayer Gustavo Gorriti: la destitución de Ricardo Soberón en DEVIDA tiene un claro tufo fujimorista. Lo vienen diciendo, de modo crecientemente directo, César Lévano y Raúl Wiener: Humala ha abandonado la Gran Transformación para convertirse en uno más de los gobernantes de turno al servicio de los intereses de siempre. Lo dijo tempranamente, y lo continúa diciendo, César Hildebrandt: Ollanta ha traicionando rápidamente su proclama reformista.

También lo dice una gran parte del pueblo de Cajamarca y, sin duda sotto voce lo viene diciendo una buena parte del país, sobre todo la que votó por Humala en la primera vuelta.

Pero quien lo ha dicho con más claridad es Óscar Valdés que, a pesar de haber sido Ministro del Interior más de cuatro meses no sabe qué responder cuando le preguntan sobre metas e indicadores de reducción de la criminalidad. Valdés, el ígnaro, ha dicho que el primer gobierno de Fujimori, excepto el golpe del 5 de abril de 2002, es un ejemplo de pragmatismo que el gobierno debería seguir. Quien calla otorga: Ollanta Humala, el que destituye a quien le da la gana cuando le da la gana, no ha dicho nada.

O sea que, como bien interpreta Gorriti al primer ministro, los crímenes de La Cantuta y de Barrios Altos están muy bien, los secuestros también, la desaparición de múltiples expedientes judiciales igualmente, el cambio de la constitución del mismo modo y así sucesivamente. Y como Ollanta Humala, el que juró por el espíritu de la Constitución de 1979, ha guardado silencio apañador, no puede si no estar de acuerdo con su verborrágico premier.

Ahora que Soberón, por el que no sentimos particular admiración, ya no está, podemos anunciar sin temor a equivocarnos que la próxima víctima es Álvaro Vidal, a quien sí apreciamos, porque sabemos que ya se le comunicó su inminente defenestración. La mafia que gobierna Essalud hace mucho tiempo ha ganado finalmente.

Ollanta Humala ha declarado ayer que “la plata no llueve” en el Perú. Las metáforas sobre la plata parecen encandilar a nuestros gobernantes. Si no recordemos al inigualable Alan García diciéndole a Jaime Baily que “la plata llega sola”.

Podríamos terminar haciendo una fusión, algo así como que “la plata no llueve, pero sí chorrea”. ¿Estaremos en lo cierto?

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