El concierto clásico más mediático que se transmitió en Lima (I)

Una grata sorpresa cultural me despertó a primeras horas del 2012. ATV+ pasó el Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena, temprano en la mañana… ¡y lo repitió a las 6 de la tarde! Hasta donde tengo memoria, debe haber sido la primera vez que este famoso evento musical anual llega en una transmisión en vivo a nuestro país, al menos en los últimos 15 años (corríjanme si me equivoco).

Se trata posiblemente del concierto de música clásica más popular en todo el mundoy está dedicado principalmente a la música de la familia Strauss; especialmente a Johann Strauss hijo, el autor del súper conocido vals “Por el hermoso Danubio azul”; pero también a la música de su padre –del mismo nombre y recordado también como “el rey del vals”– y sus hermanos Josef y Eduard.

Pero, en general, es un espectáculo que representa a Viena como capital de la música clásica. La capital austriaca es una ciudad muy particular. De un lado, es conservadora y tradicionalista; pero, de otro, también está considerada como ligera, frívola y hasta superficial.Ese conservadurismo viene dado por el hecho de haber sido la sede del Imperio Austro-Húngaro, gobernado por la dinastía de los Habsburgo y cuyo gobernante más caracterizado, Francisco José, era un monarca de mentalidad absolutista que se negaba a usar inventos como el teléfono, a comienzos del siglo XX. No es extraño. Gustav Mahler solía bromear diciendo que Viena era el sitio ideal para esperar el juicio final, ya que allí las cosas llegaban con 20 años de retraso. Al mismo tiempo, el carácter liviano de los vieneses se explica, en parte, porque esa monarquíaque encabezaron fue lo que hoy llamaríamos un imperio multicultural, ya que incluía hasta 13 nacionalidades distintas, con idiomas diferentes; lo cual obligaba a mantener la tolerancia en un medio culturalmente heterogéneo y políticamente inestable.

Esta mezcla de severidad y liviandad fue retratada por el dramaturgo Hugo von Hofmannsthalal apuntar algunas de las características del austriaco, como las siguientes: “tradicional en sus puntos de vista, estable durante siglos… mayor capacidad para adaptarse a las circunstancias… aparentemente inmaduro… prefiere la vaguedad… tímido, engreído, vanidoso… evita las crisis, “dejar pasar”… se sitúa en el lugar del otro, al extremo de perder personalidad… simulador, amante de los placeres… irónico consigo mismo… ironía hasta llegar a la autodestrucción…” (citado por Marek, George, Richard Strauss. Vida de un antihéroe, Buenos Aires: Javier Vergara, 1985; p. 175). Estos y otros rasgos nos muestran un entorno complejo y variado, una mezcla de autoritarismo, represión, (auto)complacencia, libertinaje, benevolencia, intrigas, diversión e hipocresía.

Pero este entorno multicultural puede proyectarse mucho más atrás del Imperio de los Habsburgo. El director NikolausHarnoncourt nos recuerda que ya por el año 1500, “los vieneses formaban un conglomerado que reunía a gentes de las más diversas naciones, que hablaban las más diversas lenguas maternas. Éstas terminaron fundiéndose en una especie de alemán, llamado vienés, pero que en realidad no es auténtico alemán”; y concluye advirtiendo que “el vienés quiere dar la impresión de tener un gran corazón y de ser muy sensible. En realidad, sin embargo, posee muchos garfios y múltiples aspectos crueles. Esto lo hace especialmente cautivador. Y detrás de ello están una melodía, un ritmo, incluido un ritmo del lenguaje, que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo y que desde siempre han ejercido un poderoso y mágico atractivo sobre los compositores” (Harnoncourt, Nikolaus, La música es más que palabras, Barcelona: Paidós Contextos, 2010, p. 329-330). Y cita, entre ellos, a Mozart, Beethoven, Brahms, Johann Strauss, Schubert y Alban Berg. Así que, como vemos, la “capital de la música” no es un mero apelativo turístico, sino que tendría su origen en esa específica mezcla cultural que llegaría al propio lenguaje, al dialecto local.

Estas complejidades de antigua data no parecerían calzar muy bien con la idea de alegre optimismo que se le atribuyen a los famosos valses de Strauss; idea que ha sido destacada por MarissJansons, el director letón que ha sido invitado por segunda vez a dirigir el Concierto de Año Nuevo en Viena este año. El siempre polémico Harnoncourt declaró al respecto: “Lo que puedo experimentar al escuchar música de Johann Strauss no es, precisamente, optimismo. Es más, el optimismo del vienés, tal como lo entiendo, es una variante del pesimismo: es algo así como como un optimismo de «danza macabra» o de cementerio, algo que casi no se ha de explicar. Supongo que Sigmund Freud sólo pudo haber surgido en Viena; sus esquemas mentales me recuerdan a esqueletos que de pronto inician una danza. Para mí, la música de Johann Strauss es admirable, incluso alegre, pero siempre arrastra consigo también una carga de tristeza… es mucho más compleja, mucho más interesante [que] el optimismo a secas o el pesimismo a secas” (op. cit., p.332). En consecuencia, no faltan en estas músicas rasgos nostálgicos y muchas veces un encanto trasnochado que oculta justamente estas múltiples y distintas facetas, algunas un tanto siniestras, cuya fuente es una tradición multicultural de siglos (…)

(Juan José Beteta)

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