¿Es tan difícil caminar derecho?

Cuentan que los iroqueses imaginan a la conciencia como una rueda de tres puntas filosas que está al lado del corazón. Cuando uno obra mal, la rueda gira y lo lacera. En consecuencia, uno deja de hacer mal. Pero si uno insiste en actuar mal y lo sigue haciendo una y otra vez, llega un momento en que las puntas de la rueda se roman y su giro se vuelve vano porque el corazón ya no siente dolor alguno.

¿Cuándo fue que eso sucedió con gran parte de la sociedad peruana, que ya está dispuesta a admitir no sólo que la corrupción es un hecho sino que no es importante que exista? ¿Cuándo fue que dejó de interesarnos que los gobernantes, y no sólo los gobernantes, violaran la ley impunemente?

Ayer, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) ha emitido un informe sobre el financiamiento de campaña de Gana Perú, la organización política con que el actual presidente Ollanta Humala, ganó las elecciones y aquella misma que disolvió inmediatamente después.

El informe dice en resumen que:

1. El reporte financiero de Gana Perú contiene un desbalance de 3 millones de nuevos soles, que no se sabe de dónde provienen.
2. 15 personas a las que se les sindicó como donantes de 1 millón y medio no dieron ni un nuevo sol a la campaña nacionalista.
3. Otras 11, que sí contribuyeron con algo, fueron registrados como donantes de cantidades mayores a las que efectivamente aportaron.

Estos hechos, de confirmarse, constituyen claros delitos contra la fe pública en los tres casos. Por ahora, Gana Perú tiene que levantar los hallazgos de la ONPE.

Sin embargo, no hay escándalo. Y no lo hay porque todos los partidos hacen lo mismo. Y no lo hay por una suerte de complicidad de los medios, y de otras entidades, a los que no les conviene enfrentarse al poder vigente. Y no lo hay por un tercer motivo: porque muchos creen que 3 millones es poca cosa, que 26 agraviados, que fueron usados como parte de un fraude, no es tanto y que así son las cosas, pues.

¿En qué momento se jodió el Perú?, preguntaba Zavalita. Veamos si Mario Vargas Llosa, autor feliz de personaje y frase, se lo pregunta ahora nuevamente.

La verdad, no lo creemos. Ya nuestro premio nóbel es una especie de desentendido quinquenal frente a la corrupción, cuando no se trata de la dictadura de Alberto Fujimori sino de los gobiernos que apadrina.

Las puntas de la rueda han perdido el filo… ¡a todo nivel!

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