Tord

  • Los novelistas son amos y señores de los universos que construyen. Deciden quienes son héroes o villanos. Utilizan a enemigos de la vida real como arquetipos de personajes malos llegando a nombrarlos con los nombres y apellidos auténticos. Por ejemplo, Mario Vargas Llosa en su libro “La fiesta del Chivo” describe a uno de los secuaces del tirano dominicano Rafael Trujillo como un tipo horrible, dipsómano y cruel y lo llama Enrique Chirinos Soto, igual que el parlamentario y constitucionalista arequipeño ya fallecido.

    De otro lado, la ciudad de Lima es milenaria. Por lo tanto, ha sido escenario de millones de historias reales y ficticias, que se han conservado como leyendas urbanas y sirven de material para recrear obras literarias.

    Estas reflexiones vienen a cuento luego de leer “Diana, verano del 53”, reciente novela escrita por el catedrático limeño Luis Enrique Tord Romero. Es la historia de Don Carlos, un intelectual setentón, soltero, heredero millonario y rentista que vive en una mansión cerca a la Plaza de Armas de la capital, veranea en Chorrillos y tiene una enorme hacienda entre Magdalena del Mar y el Callao.

    El protagonista se enamora de Diana, cuñada del administrador de su hacienda, iqueña, treintona, soltera y muy bella. Don carlos había testado, otorgando toda su fortuna en favor de una institución patriótica presidida por un coronel retirado del ejército. Sin embargo, al conocer a Diana, decide cambiar su testamento dejándole a su amada la mitad de su patrimonio.

    Los directivos de la institución patriótica se enteran de las intenciones de Doc Carlos y deciden asesinarlo antes de que dicte su nueva voluntad al notario público. Es obvio que el personaje Don Carlos está basado en José de la Riva Agüero y Osma, polígrafo, político y benefactor de la Universidad Católica y el magnicidio es una leyenda urbana de la Ciudad de los Reyes.

    Se dice que Riva Agüero fue víctima de una conspiración. Ruben Vargas Ugarte, Fidel Tubino Mongilardi, entre otros directivos de la Universidad Católica, preocupados de que
    el mecenas cambie nuevamente su testamenteo (lo modificó una decena de veces) decidieron acabar con su vida y el ejecutor fue su médico personal y, en ese entonces, ministro de Salud, Constantino Carvallo Alzamora.

    “Diana, verano del 53” es un homenaje a Riva Agüero. Lo describe como un peruano notable, generoso y viril, capaz de seducir a una mujer 40 años menor que él. Asimismo, en esta interesante obra, Tord realiza un ajuste de cuentas con autoridades de su época universitaria que se comportaron de manera abusiva con su generación.

    (Willy Quevedo Tamayo)

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