Un gobierno marxista

El presidente Ollanta Humala tiene las cosas claras: se gana las elecciones con la izquierda y se gobierna con la derecha. Las apariciones públicas de su nuevo “hombre de confianza” (no olvidemos que Lerner también lo era) han provocado una muy buena impresión. Óscar Valdés se ha manejado con habilidad y ha logrado transmitir 4 mensajes muy claros: el gabinete anterior era un desorden total, la política está a cargo del presidente, mi rol es puramente técnico y no hay democracia sin orden. Ha salido muy bien librado de su primera ronda de medios. Creemos que no faltó a ninguno importante.

Recordemos que con Lerner pasó lo mismo, incluso hasta la presentación de su programa ante el congreso (faena por la que todavía no ha pasado Valdés) y aún hasta hace poco. De forma que la primera impresión, siendo que es muy importante, no garantiza siquiera 5 meses de gestión.

De los 10 nuevos ministros, 3 son de lujo (Jiménez Mayor en Justicia, Peirano Falconí en Cultura y Pulgar Vidal en Ambiente). Los otros 7 tendrán de demostrar su valía “en la cancha”. No existe ninguna razón para dudar de su competencia, salvo en el caso de la nueva ministra de la Mujer y Desarrollo Social (Ana Jara) que por la mañana, en su cuenta de facebook, agradeció al presidente por haberla convocado a dirigir el MINDES (sic) y por la noche, durante la ceremonia, se dedicó a saludar a las cámaras y, luego, hizo el juramento más largo e inopinado.

Bien, al margen de las anécdotas y sabiendo que habrá que esperar, sí es bueno decir algunas cosas. La primera es que, si hubo desorden en el gabinete anterior es necio culpar a Salomón Lerner, dado que el jefe de gobierno, que designa a los ministros, y que dirige la sesión semanal del gabinete, es nada menos que Ollanta Humala. Alguna responsabilidad debe tener ¿no? Lavarse las manos ahora es una pésima señal.

La segunda es la secuencia de las cosas: durante la campaña electoral, Humala prometió a los cajamarquinos “¡agua antes que oro!” (allí está su tantas veces repetido discurso en la Plaza de Armas); Cajamarca votó masivamente por él y su promesa; una vez en el gobierno, cambió su rollo y dijo “¡Conga va!”; lógicamente los cajamarquinos se sintieron engañados (y traicionados) y salieron a protestar y cuando hubo que optar entre el diálogo y la amenaza, el presidente optó finalmente por la amenaza. Transitoriamente se ha recuperado el orden. Eso no cambia la secuencia ni el sorprendente viraje.

La tercera es el rol de la Sociedad Nacional de Minería, Energía y Petróleo durante la campaña electoral. Los mineros se comprometieron, con todo, con los adversarios de Humala, al punto de financiar el programa dominical de Jaime Baily convertido de francotirador en mercenario contra el candidato nacionalista.

La cuarta es que nadie esperaba del gobierno de Ollanta Humala algo distinto que una postura enérgica de renegociación, dentro de las normas legales por supuesto, con la minería. Esta renegociación no podía limitarse al nuevo marco de regalías que suplantó a la promesa de poner un impuesto a las sobreganancias mineras, sino a lograr, sobre todo, un nuevo escenario de respeto a las comunidades y al medioambiente.

Sin embargo, sucedió lo inesperado: se produjo una extraña alianza entre el gobierno y los mineros y se cambió el discurso del diálogo por la conducta de la amenaza. Salvo lo obvio, este giro no parece tener explicación.

Este es el cuadro. Anotemos ahora que detrás de él hay una ausencia de políticas de Estado que complica el diálogo transparente. Por ejemplo: ¿cuál es la política pública frente al territorio en que se puede desarrollar minería? O, aún más claramente, ¿se puede o no practicar industria extractiva en las fuentes de agua? Muchos países ya tienen políticas públicas al respecto. Si el gobierno quiere enfrentar el asunto con criterio estratégico debe decidir sí o no. Por ahora parece que sí. Hace poco tiempo parecía que no. En fin.

Queda por verse si es verdad o no que se cocina una alianza entre humalismo y fujimorismo. Valdés ha declarado esta mañana que él fue un militar que se enfrentó al gobierno de Velasco y que no estuvo de acuerdo con él. Humala ha dicho muchas veces que ese gobierno es un referente para él. ¿También habrá abandonado su viejo, y parece que ahora apolillado, velasquismo?

Marx (Groucho no Karl) decía: “¡Estos son mis principios! Si no le gustan… ¡tengo otros!”.

¿Estaremos ante un gobierno marxista?

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2 comentarios en “Un gobierno marxista”

  1. CARLOS SANCHEZ Says:

    Para empesar no fué el gtobierno quien dijo “conga va”, sino los empresarios quienes querian que a toda costa el gobierno de su anuencia enamorandolo a Lerner. Ahora que estaran pensando los empresarios mineros, “romper la mano en el congreso”, por eso hay tantos que se rasgan las vestiduras diciendo “tomar distancia del gobierno”, no sera para ver si les cae alguito. Por otro lado no fué Groucho marx el que fundo el marxismo fué Carlos Marx, de modo lo que oueda opinar este señor esta muy lejos del marxismo, por si quieren mal inducir una idea. NO HAY QUE CESGAR LA INFORMACIÓN PARA CONFUNDIR A LA OPINION PUBLICA .

    • Consultaprevia Says:

      Muchas gracias por su comentario discrepante, aunque creemos que demasiado serio. La referencia a Groucho Marx y al marxismo, fue una -pensamos que obvia- broma. Hemos decidido no editar el comentario para no provocar ninguna molestia, pero si nos lo autoriza podemos mejorar un poco su redacción y ortografía.


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