Saber levantarse será la diferencia


Acaba de culminar el encuentro clasificatorio entre Ecuador y Perú. El equipo local venció a nuestra selección por 2-0. A los peruanos nos provoca rendirnos con facilidad. Pero alguna vez tendrá que haber un punto de quiebre.

Hace mucho tiempo que la selección peruana no mostraba orden en el campo. Todos nos damos cuenta de que ahora es diferente. Nos entusiasmamos con el tercer puesto en la Copa América y don Sergio Markarián supo decirnos que no había que olvidar que, en la clasificación al Mundial de Sudáfrica habíamos terminado últimos y que ése -y no otro- era nuestro referente. Hay resultados que se pueden alcanzar en los torneos cortos que no se pueden lograr, del mismo modo, en competencias largas.

Iniciamos la clasificatoria con una victoria importante frente al disminuido Paraguay, pero luego caímos ante Chile derrochando ingenuidad primero, y hombría después. Hoy hemos caído ante Ecuador en un encuentro donde, salvo el orden demostrado, queda poco por rescatar. Pero así es la vida, no siempre podemos hacer algo extraordinario. Lo importante es que el equipo peruano no perdió la compostura… excepto al final.

Vendrá un largo paro hasta fines de mayo y Perú jugará de local contra Colombia y volverá a ser visitante ante Uruguay. No es improbable que tengamos que alternar triunfo y derrota y probablemente acudiremos, otra vez, al pesimismo. Pero recordemos a Markarián: la clasificatoria es larga y perder de visitante siempre tiene que estar en los planes, salvo que seamos Brasil o Argentina. Hasta fines de mayo seguiremos teniendo el 100% de los puntos jugados como local. Y, para quien no lo sepa, si se puede mantener la fortaleza de local, la clasificación sigue siendo accesible.

Por tanto hay sólo dos problemas: el primero, que Markarián no logre hacer progresar el funcionamiento del equipo de aquí a mayo y el segundo, que los peruanos nos encarguemos de autodestruirmos en el pantano frecuente de la desmoralización y del fácil desarraigo.

Mientras haya vida hay que luchar. Otros colectivos nacionales tienen esa idea grabada a fuego en sus cerebros. Los peruanos no. Y debemos hacerlo si queremos convertirnos en nación. Porque sólo nos reclamamos peruanos, todos, en el éxito y, fatalmente, somos muy capaces de desertar en el desastre, con una simpleza digna de causa distinta. Por supuesto, hay excepciones. De esas excepciones, que para Brecht constituían la indispensabilidad, debemos beber a diario. Hasta formar un núcleo duro del cual nos contagiemos como país. Lo fue el voley hasta Seúl 88 y quizá lo pueda ser el fútbol si aportamos nuestra voluntad solidaria a la suficiente calidad de nuestros jugadores y a la destreza de nuestro entrenador.

Así fue que sucedió con el Chile de Bielsa. Tratemos nosotros que suceda con el Perú de Markarián. La otra opción es abandonarlo a su suerte. Nosotros decimos que no, que sigamos jugando juntos esta competencia. Y si hubiera que rendirse, por favor que no sea hoy. Queda mucho aún por recorrer.

(Roberto Morales)

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