Madre Mía


Estuve recientemente tres días en la ciudad de Huamanga. Me sorprendieron los truenos, disfruté del hermoso cielo y degusté las sabrosas chaplas, truchas y tunas.

Dialogando con los lustrabotas me llamó la atención que, al interrogarlos sobre sitios turísticos me recomendaran visitar las propiedades de Turbo, un narcotraficante ayacuchano detenido en el penal de Piedras Gordas, cuyo verdadero nombre es Óscar Rodríguez Gómez.

Gracias a la amabilidad de un mototaxista, conocí tres casas y dos hoteles actualmente incautados por la policía. Este hecho demuestra que, en muchos lugares del país, los comerciantes mayoristas de droga, que acumulan velozmente fortunas, son un referente en el imaginario popular.

Es penoso cómo los malhechores son héroes admirados por jóvenes y estudiantes. Esta reflexión coincide con la reciente lectura del libro titulado “Polvo en el viento” escrito por el experimentado periodista peruano Hugo Coya Honores.

La obra narra la historia de Demetrio Chávez Peñaherrera, alias Vaticano. Nacido en 1953 en Saposoa, departamento de San Martín. Un personaje que, entre 1988 y enero de 1994, fecha de su captura en la ciudad colombiana de Cali, fue el más importante mafioso del país.

Inicialmente trabajó en Uchiza. Luego trasladó su centro de operaciones a Campanilla, un villorrio de 8 mil habitante ubicado al sur de Juanjuí. En este lugar construyó la Plaza de Armas y obsequió televisión por cable a toda la población.

Un dato clave es que, desde abril de 1989, Uchiza fue sede de la jefatura militar de la región bajo el mando del general Alberto Arciniega Huby, quien dirigió las bases de Palma del Espino, Tocache y Madre Mía. En 1992, Ollanta Humala Tasso fue jefe de la base antiterrorista de Madre Mía.

El libro cuenta que, en abril de 1991, Valdimiro Montesinos acordó con Vaticano proteger su pista de aterrizaje en Campanilla a cambio de 50 mil dólares mensuales. Asimismo, Chávez Peñaherrera colaboró con los oficiales militares de la zona, alimentó a los soldados y les prestó armas.

Si bien Coya no lo afirma ni especifica, es lógico deducir que Vaticano y Humala se conocieron en el Alto Huallaga en 1992. Hoy Vaticano está apresado en el penal Castro Castro. ¿Se animará algún día a contar con qué oficiales del ejército hizo negocios?

(Willy Quevedo Tamayo)

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