Los 100 días de Humala


Anoche, mediante una conferencia de prensa palaciega brindada a 4 reconocidos periodistas, el presidente Humala hizo un balance de los 100 primeros días de su gobierno. Se trató de un formato innovador para el Perú, acostumbrado a escuchar la palabra presidencial sin interlocutores. Para los entendidos es menos original de lo que pareció: el presidente Sarkozy hizo algo muy similar, hace poco, en Francia.

A propósito de Francia y de su historia: se conoce como Cien Días el breve período de restauración napoleónica entre marzo y junio de 1815, desde el desembarco en Provenza, procedente del destierro en Elba, y la huida consiguiente de Luis XVIII, hasta la derrota ante Wellington en Waterloo que determinó el fin del bonapartismo. A esos Cien Días hizo referencia el presidente Humala demostrando un franco desconocimiento del origen histórico de la importancia ceremonial de los primeros 100 días de gobierno. Esta costumbre la inició Franklin D. Roosevelt en los Estados Unidos de 1933, para proponer la primera versión del llamado New Deal al pueblo norteamericano con el propósito de enfrentar los impactos de la Gran Depresión 1929-1933. Desde entonces, dirigirse al país cumplidos los primeros 100 días de gobierno se convirtió en un hábito extensivo en el llamado mundo occidental.

Volvamos a lo nuestro. El presidente Humala le sugirió a su segundo vicepresidente que diera “un paso al costado”, pero se negó a pedírselo enfáticamente. Dijo entre líneas que el proyecto de Minas Conga se realizaría de todas maneras y que los problemas con la población se resolverían con el diálogo. Dijo que los programas de inclusión social estaban funcionando pero precisó que utilizar indicadores de desnutrición o de mortalidad era “perverso” y prefirió renunciar a ellos. Dijo que quería que lo recuerden como el mejor gobierno de la historia del Perú (como quiso también Alan) y como un presidente que no robó (como logró de algún modo Belaúnde), pero además como un presidente que cumplió con sus deberes de esposo y padre (como quiere también Nadine). Dijo que lo de bajar el precio del gas es muy difícil y que el aumento de los precios de los combustibles no pudo ser evitado. Dijo que la seguridad ciudadana estaba mejorando con la eliminación progresiva del 1×1, con el servicio policial voluntario que se iniciaría en enero (y que permitiría después a los voluntarios trabajar de guachimanes) y con la próxima creación de la policía rural con base en las rondas campesinas. Dijo que la crisis internacional afectaría al Perú pero que estábamos preparados y dijo que no postularía a ninguna reelección y que tampoco Nadine. Dijo que el Perú cumpliría su palabra sobre todo frente a los inversionistas, que no pensaba ahora cambiar la constitución y no dijo, más bien guardó silencio, cuando se le preguntó si era verdad aquello de “una cosa en con guitarra y otra cosa es con cajón”.

No dijo mucho más, pero Humberto Speziani y Cecilia Blume, presidente y gestora de CONFIEP respectivamente, estaban muy contentos después. ¿Lo estará también el 31% (dentro del que se debe contar Javier Diez Canseco) que votó por el primer Humala, por el de la Gran Transformación?

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