Happenings


En 1960 aparecieron los happenings, las instalaciones y las performances. La idea de sus promotores era provocar una experiencia visceral en el espectador haciendo un nuevo uso de objetos cotidianos, montando escenas asombrosas que escandalicen y diviertan o generando eventos originales que sacudan la conciencia crítica de la sociedad.

El sueño de estos artistas era impactar al público logrando que participe, se emocione y aprecie la estética del suceso. Fue un movimiento irreverente, opositor al mundo burgués, enemigo de la indiferencia. Empero lúdico y con grandes dosis de humor.

Esta referencia a los diferentes tipos de arte contemporáneo viene a cuento luego de leer la reciente novela del escritor peruano Fernando Ampuero titulada “El peruano imperfecto”.

Es la historia de Amanda y Pedro, una pareja de limeños de clase media alta. Ella, once años menor que él, una década atrás realizó happenings e instalaciones y ahora pinta óleos. Él es un periodista del diario El Comercio, encargado de la unidad de investigación. La trama ocurre en 2004, cuando en el mes de febrero Amanda descubre que Pedro le es infiel. Ella visitó la suite del Hotel Bolívar donde el cronista citaba a sus amigas cariñosas y lo encontró acostado con una mujer madura. Amanda lo perdona con la condición de aceptar reunirse tres veces por semana en la misma suite a las tres de la tarde.

Ella planifica cada encuentro como un happening. Se disfraza de múltiples personalidades, monta en la sala del dormitorio escenas policiales, instalaciones temáticas, homenajes familiares, actuaciones escolares, entre otros. Finalmente, la última cita que tuvieron, fue también la última performance de Amanda. Pedro la encontró muerta de cúbito dorsal ensangrentada, con un corazón de cartulina recortado y pegoteado con rasgadas aplicaciones de rosado papel lustre sobre su pecho.
tematicas, homenajes familiares, actuaciones escolares, entre otros.

Ampuero logra narrar una tragedia amorosa con talento cinematográfico. “El peruano imperfecto” e una obra moralista, condena a los adúlteros, resalta el cinismo de los periodistas y expresa una profunda admiración a la sensibilidad de los artistas.

(Willy Quevedo)

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