¿Aprenderemos alguna vez?

El Mar de Aral, que en verdad es un lago, ha prácticamente desaparecido. Los ríos que lo alimentaban, el Amu Daria y el Sir Daria, fueron sometidos a una explotación irracional… ¡en nombre del socialismo!

El Mar de Aral se ubica (¿ubicaba?) en la frontera entre Kazajistán y Uzbekistán, en Asia Central. Era uno de los cuatro lagos más grandes del planeta hasta la primera mitad del siglo pasado. Tuvo 68,000 kilómetros cuadrados de superficie, de los que ahora sólo queda la décima parte. Se ha convertido en 2 espejos de agua separados.

En los años 60, las autoridades soviéticas decidieron canalizar los ríos abastecedores para cambiar el desierto circundante por área de cultivo. El plan consistía en convertir a Uzbekistán en el principal productor agrícola dentro de la Unión Soviética. El plan funcionó, aún hoy los uzbekos son los principales productores de algodón de la zona y su manejo agrícola es igual al de los dirigentes de la antigua URSS.

Nunca se temió que el inmenso lago desapareciera. Los gobernantes creían firmemente que tanta agua rodeada de desierto era una especie de “error de la naturaleza”. Suponían que, por su ubicación y temperatura, el Mar de Aral se acabaría evaporando. Infortunadamente, no pensaron en las posibles consecuencias ambientales: la salinidad del agua aumentó hasta alcanzar niveles realmente marinos, los seres vivos que antes vivían allí se han extinguido o están en camino de la desaparición; el clima local se ha endurecido, con inviernos más fríos y veranos más calurosos.

También se ha afectado la salud humana: sedimentos y costras salinas son arrastrados por los vientos y enrarecen el aire; la falta de agua potable aumenta.

Los varios proyectos de recuperación que existen son altamente onerosos y tienen escasa posibilidad de éxito. Pero lo más grave es que no se trata de un caso único e irrepetible. En Irak, España y California se avistan desastres similares. Las marismas de Mesopotamia, las Tablas de Daimiel o el mar de Salton pueden también desaparecer.

¿Qué tipo de especie somos que no podemos tomar conciencia de nuestra propia estupidez? Quién sabe si en el Perú podamos constituir una opinión colectiva en defensa de nuestras fuentes de agua, hoy constantemente amenazadas.

(Elmer Barrio de Mendoza)

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