El poder de la marca

Hasta la década de los setenta, la marca de una prenda debía estar oculta. Después, cada vez más, exhibir la marca se volvió indispensable. La marca se convirtió en un valor en sí misma. El poder de la marca se fue robusteciendo a punta de esteroides publicitarios. Hoy, la marca es hercúlea y seduce hombres y mujeres (de cualquier opción sexual) por igual.

Hace pocos días el presidente electo Ollanta Humala paseaba en bicicleta con sus hijas en las afueras del pentagonito, vestía impecable un traje deportivo de color azul acero, con ninguna prenda ausente y con una marca omnipresente: Nike. En esa traza ataviado, declaró que no tenía programada una reunión con el garante de la democracia, aunque la tuvo con el vigilante negado menos de veinticuatro horas después. Pero no es intención de este comentario hablar del sano y sagrado, primero ninguneado y luego rescatado. El tema es el poder de la marca.

Ollanta siempre cultivó el ejercicio físico, eso lo hizo singular en sus dos campañas. Pero también lo hizo diferente cada vez. Les mostramos una foto del Humala jogger de 2006. Su atavío entonces no permitía distinguir alguna marca muy conocida (y tampoco una combinación de colores indiscutible). Vestía como vestiría un comandante del ejército en retiro cualquiera (que no hubiera estado a cargo de las compras por supuesto) saliendo a correr tempranamente.

¿Ha cambiado Ollanta Humala como ha cambiado su ajuar deportivo? Esperamos que no, en verdad esperamos que la gente no cambie demasiado raudamente y menos al son de su cercanía al poder. La sencillez de un gobernante es un mensaje. Su envanecimiento es otro. Hay ejemplos de ambos casos.

Como Ollanta tiene un 70% de aprobación inicial y como es uno de los pocos gobernantes del mundo que tiene perfil aeróbico, queremos hacerle una sugerencia que le permita enganchar su gusto por la ropa deportiva de marca con el mantenimiento de su imagen como líder popular. Proponemos que el presidente electo convoque a todas las marcas deportivas que tengan presencia en el Perú y les ofrezca usar exclusivamente una de ellas por un año (que nadie puede saber si su alta popularidad durará más, si no que le pregunte a su próxima vecina). A cambio de mostrar esa única marca en sus salidas atléticas matutinas, el presidente les pedirá que formulen la mejor oferta de aporte a Pensión 65 o Cuna Más, así como la dotación de un lote mensual para ser sorteado entre todos los niños y adolescentes pobres del Perú. La firma que presente la mejor propuesta se hará acreedora a que el presidente sea un propagandista excepcional (único en el mundo hasta que aparezcan los imitadores) de su marca durante un año. Si la popularidad presidencial sigue alta después de tres trimestres, se volverá a hacer el concurso público, con las mismas o mayores condiciones. De este modo, el presidente podrá usar las mejores marcas deportivas y el pueblo se beneficiará de esta atendible veleidad presidencial.

Ser creativo, en el Perú, no es una opción, es una obligación.

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