Vacaciones truncas

No se acaban de ir y no dejan de mamar de la teta presupuestal. Es más, quieren aumentar la última ración. Ahora quieren cobrar vacaciones truncas. Sólo por explicitud, vamos a precisar que estamos hablando de nuestros parlamentarios, de los beneméritos “padres de la patria”.

Cada vez que cambia la composición del congreso abrigamos brevemente la esperanza de que los congresistas se parezcan menos a las sanguijuelas y cada vez nos destruyen la esperanza. De hecho parecemos asistir al crepúsculo del congreso. Aclaramos que decimos crepúsculo porque el parlamento está lleno de vampiros (sin que falte un licántropo barbado en proceso de extinción).

La ausencia de vergüenza dicen que se llama inverecundia. Inverecundia es la palabra que define al parlamento hace ya muchos años. Inverecundos todos: unos por sinvergüenzas y otros por tolerarlos o por aspirar a serlo.

Inverecundia es gestionar pagos de última hora mientras mueren peruanos enfrentados entre sí. Inverecundia es orar, es parlar, es “hacer un gasto de palabras superior al ingreso de ideas”. La retórica es sinónimo de mentira y el orador experto lo es de mentiroso profesional.

Miren lo que se obtiene cuando elegimos presidente a quien es arquetipo del parlamentario. Sufrimos aún a un (¿linda cacofonía, no?) presidente de brillante verbo que dona cien mil soles de sus ahorros, que nadie sabe comó atesoró, para hacer un Cristo de vinilo exactamente igual a su cristianismo de mentira, que viola de modo evidente al menos tres mandamientos de los mosaicos.

¡Fuera los mercaderes del templo! Apuntemos a la democracia directa: la tecnología lo comienza a permitir. No queremos representantes indignos, no queremos políticos que se llenen los bolsillos a costa de nuestra indolencia, no queremos presidentes que hablen oquedades y que tengan propiedades por doquier.

¡Abajo la podredumbre! La política no nos merece. ¡Que no se queden truncas las vacaciones de los parlamentarios, que se las tomen para siempre! ¡Que quede solamente la crema! Probablemente tengamos un congreso de no más de cincuenta miembros, que gozarán del afecto, y de la confianza, popular.

Urge encontrar una fórmula aceptable antes de que todo estalle. La desesperanza cunde, la desesperación insurge como una montaña gigantesca desde el fondo de la indignación.

Mañana será tarde.

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One Comment en “Vacaciones truncas”

  1. Beatriz Mora Says:

    Ya sé, deberían hacer una declaración jurada de decencia, sería el único caso en el que podrían aumentar sus arcas sin reproches, son una partida de frescos, aunque sólo fuera por decencia, pero en nuestro parlamento la decencia no tiene ni tuvo curul, salió de vacaciones desde hace varios años y seguro no esperó que le reconozcan las vacaciones truncas de esas que nuestros otorongos piden y es que trabajaron tanto…
    Que los saquen y los coloquen en la picota pública, quiza así nos podamos desfogar, ire juntando mis tomates…


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